MEREDITH H.
Me llamo Meredith Haze, pero todo el mundo me conoce como Meredith H. La escritora, la bruja. La que envía a la gente cajas de cartón con dudosos contenidos. Pero lo cierto es que yo una vez fui un personaje anónimo, una simple chica de tantas que querían dar a conocer sus escritos en una famosa plataforma, nada más. Pero alguien me convirtió erróneamente en todo esto que se cuenta de mí, así que me he decidido a contaros mi historia, para que sepáis de primera mano lo que ocurrió conmigo.
Yo tenía una existencia tranquila en mi ciudad natal, pasaba bastante desapercibida debido a mi carácter tímido y retraído. Acababa de cumplir 32 años y vivía con mi novio. Trabajaba en una tienda de juguetes a media jornada y aunque no era el trabajo de mis sueños, nos venía bien y a mí me permitía dedicarme a algo que me encantaba: escribir.
Fue mi novio quien me animó a inscribirme en esa aplicación, en Substack. Se lo había comentado un amigo suyo y bueno, pensé que no perdía nada por probar. Empecé muy poco a poco la verdad. Me costó muchísimo entender cómo funcionaba la plataforma —se me dan bastante mal estas cosas, mi Instagram era un desastre—, pero a fuerza de dedicarle tiempo todos los días, le fui cogiendo el tranquillo.
Recuperé viejos relatos, escribí otros nuevos. Al principio para unos pocos, después para un grupo más amplio. Conocí gente amable, me hice amiga de algunos, sobre todo de un chico que se llamaba Parker. Era de la otra punta del país, pero nos caíamos bien. Nuestros estilos eran similares e incluso llegamos a hacer colaboraciones para crear más interacción y crecer a la vez. Y al principio funcionó. Mi novio estaba encantado. Me leía desde las sombras, siempre era mi lector cero. Y Parker y yo creamos una pequeña comunidad que crecía poco a poco, pero crecía y se sostenía.
Hasta que un día todo cambió.
Un día me acosté teniendo 183 suscriptores y cuando desperté tenía más de dos mil. Sentada en la cama, somnolienta todavía y sin el café del desayuno haciendo efecto en mi organismo, no podía creer lo que estaba viendo. Todos esos nuevos suscriptores, más otros tantos seguidores, likes, comentarios, solicitudes de mensajes... Era too much para mí pero estaba contenta y agradecida. Escribí una rápida note agradeciendo y seguí con mi rutina, pues tenía que irme a trabajar.
Durante el día todo siguió creciendo y el único mensaje que contesté fue el de mi amigo Parker que estaba tan sorprendido como yo, aunque pude intuir una pequeña punzada de envidia en sus palabras, como si aparte de no creer lo que estaba ocurriendo, no me lo mereciera —aunque yo era la primera en pensar eso, todo sea dicho—.
A partir de ahí perdí el control de mi vida, así de simple.
Me levantaba en piloto automático. Es como si de repente no fuera yo, como si algo hubiera tomado posesión de mi cuerpo. Acudía a mi trabajo religiosamente, eso sí; pero mi forma de ser cambió repentinamente. Ya no era la misma con los clientes, ni con mis compañeros de trabajo o mi jefa. Desaparecí para todo el mundo, para mi familia, para mis amigos. Me encerraba en casa a escribir. Escribir, escribir y escribir. En la plataforma cada vez menos, aunque seguía creciendo a un ritmo imparable. Dejé de lado a Parker aunque él jamás me dejó de lado a mí. Incluso con mi novio todo cambió. Volvía a casa del trabajo y aunque me contaba sus cosas, yo no lo escuchaba.
Estaba escribiendo una novela que si me paraba a pensar no sabía ni de qué iba, pero las palabras se manifestaban en mi mente y yo las escribía sin descanso. Era como la escritura automática de las antiguas médiums, como si una voz que no era la mía me susurrara qué escribir y cómo hacerlo.
No me daba miedo. Fuera lo que fuera que me estaba sucediendo, no me permitía tenerlo.
Un día me llegó un mensaje de una editorial que rondaba por la plataforma: habían leído mis relatos y algunas de mis notes y estaban interesados en que les enviara lo que tuviera. Dio la casualidad que la novela que estaba escribiendo la había terminado un par de días atrás, les dije que vale, que les enviaba un manuscrito.
Lo hice y me olvidé. Seguí con mi rutina y continué escribiendo.
A las pocas semanas de comenzar todo esto, con más de cinco mil suscriptores y aquel mensaje de la editorial, mi novio decidió marcharse de casa.
No hubo pelea, no hubo ruego, ni siquiera hubo lágrimas. Se sentó junto a mí mientras escribía, me obligó a parar tomándome de las manos y me comunicó su decisión. Supongo que esperaba que le dijera algo, que le pidiese que recapacitara. Y me habría gustado hacerlo —muy muy dentro de mí—, pero había algo que me atenazaba el cuello, que me impedía abrir la boca, que me había paralizado la lengua —que notaba hinchada, demasiado grande y pesada, incluso espesa—, que incluso me limitaba los parpadeos de mis ojos que no presentaban ni un atisbo de humedad. Incluso las manos —sujetas por las suyas, húmedas de sudor y nerviosismo—, me hormigueaban. Sentí como querían liberarse de esa atadura para seguir escribiendo. Sólo había algo dentro de mí que no podía controlar esa fuerza y eran los latidos de mi corazón que cada vez se espaciaban más y se hacían más lentos, debido a lo que estaba ocurriendo.
Ojalá mi novio los hubiera podido escuchar, quizás de esa manera se habría dado cuenta de lo que me pasaba, de que no era dueña de ninguno de mis actos.
Simplemente cuando terminó de hablar me soltó las manos, me miró una última vez y se marchó. Automáticamente después de eso y en el momento en el que posaba mis manos sobre el teclado del ordenador, me llegó un email: habían aprobado mi manuscrito, les había encantado. Iban a encargarse de todo, de la corrección, de la maquetación, de la impresión, de todo. Me prometieron incluso promoción y una tirada inicial. Y me pagaban una cantidad por adelantado, así podría cubrir el alquiler, al menos de momento.
Pero no mostré tampoco ninguna emoción por esto.
Las siguientes semanas pasaron deprisa y enseguida llegó la promoción del libro. Yo era como una autómata. Me pusieron una asistenta personal porque el libro se vendió tan bien que enseguida tuvieron que hacer otra tirada. Cuando esa segunda edición se puso a la venta yo ya había abandonado la aplicación y por supuesto mi amistad con Parker ya era inexistente. Creía recordar que el último mensaje —que jamás pude contestar—, me lo había escrito él. Prácticamente me vestían, me peinaban. Cuando había alguna rueda de prensa o alguna firma en alguna librería, las palabras salían por mi boca solas, como si otra persona las articulara por mí. Debido a mi impertérrito rostro, a mis vacuas expresiones faciales, a mis escuetas palabras siempre como en un susurro, a mis vestimentas oscuras y etéreas me fui ganando una fama. Decían de mí que era una bruja. Y como las malas lenguas no creían que alguien como yo hubiera alcanzado la fama tan deprisa, este rumor se extendió rápidamente, lo que también alimentó mi fama.
Un día, en una conferencia, mientras hablaba sin saber qué coño salía por mi boca, miré al fondo de la habitación, y fue cuando la vi.
Estaba oculta entre la multitud, podría haber pasado por alguien del público perfectamente, pero algo llamó mi atención —de lo poco que quedaba de mí en aquel cuerpo—: movía la boca en silencio cuando yo hablaba. Se detenía cuando yo lo hacía. Y sujetaba sus manos cerca del pecho, como obligándose a mantenerlas quietas. Era una chica morena, alta, pálida y con flequillo. Llevaba tantos anillos como pulseras y collares e iba completamente vestida de negro. Y no llamaba la atención de absolutamente nadie.
En un momento dado sus ojos se encontraron con los míos y en el centro de sus pupilas marrones pude ver un destello dorado. Me guiñó un ojo y cuando la conferencia terminó, ella también se marchó.
Quise correr tras ella y preguntarle, pero por supuesto no pude hacerlo. Y a partir de ahí, empecé a verla en todas partes, pero claro, ella ya llevaba siguiéndome mucho tiempo.
No tenía miedo porque no podía tenerlo pero sabía que algo no estaba bien. Aún así seguí escribiendo mi segundo libro sin descanso.
Para cuando lo tenía casi terminado, vi algo realmente turbio en las noticias: mi amigo Parker había sido hallado muerto en su piso. Con ambos brazos amputados. Uno de ellos presentaba un corte más o menos limpio pero el otro se lo había arrancado a mordiscos. Había muerto desangrado. En la casa no encontraron nada que pudiera señalar un indicio de lo que había ocurrido, solamente una caja de cartón vacía y una hoja de papel arrugada dentro sin nada escrito.
Los rumores enseguida empezaron a decir que Parker estaba haciendo una exhaustiva investigación sobre brujería y ocultismo, pero peor fue todavía cuando me involucraron a mí en esas teorías. Reddit se llenó de hilos conspiranoicos sobre mí, diciendo que era una bruja y que igual que había logrado el rápido ascenso en mi carrera siendo una completa desconocida, había conseguido meterme en la cabeza de Parker para que se mutilara a sí mismo.
Y lo cierto es que si hacía un gran esfuerzo, podía «ver» como Parker abría la puerta de su apartamento, como encontraba una caja, como dentro de esa caja estaban mis brazos, como en una de las manos había una nota y como en un momento dado yo entraba como deslizándome en ese escenario para eliminar las evidencias. Como nuestras miradas se habían encontrado durante unos segundos, como lo había visto agonizando y desangrarse, como le había acariciado la cabeza y le había susurrado en silencio lo siento y como me había marchado de allí sin dejar rastro.
Pero sólo era como una ensoñación, algo muy borroso en mi memoria.
Aún con todo, los rumores se extendieron y yo tuve que recluirme en casa. Ni ruedas de prensa, ni firmas, ni conferencias. Solamente la soledad de mi piso, mi ordenador y yo.
Pasaron dos años y el tema de Parker quedó olvidado. Y tras estos dos años, un libro más. Ya llevaba tres en total. Y estaba escribiendo el cuarto: una novela sobre una bruja que prometía favores a cambio de sacrificios. Y fue entonces cuando todo se descontroló para aquello que se había instaurado dentro de mí y que me obligaba a actuar como lo hacía.
Y yo pude retomar algo de control sobre mi persona.
(Continuará)
Ésta es la tercera parte de una historia que comienza con Favor Por Favor y que continúa con Golpes De Madrugada, si no te has enterado de mucho porque acabas de llegar o quieres refrescar la memoria, te recomiendo que los leas.




¡Excelente historia! Yo había leído las anteriores, pero me había perdido esta. Cuando me pueda fugar del trabajo de nuevo, continuaré con la parte II 😈 ¡Felicidades por tan buena narración!
Tengo la sensación de haber leído el texto en tres milésimas de segundo, del ritmo que tiene. Brillante. Bravooo 👏🏻👏🏻👏🏻